LA SABIDURIA POPULAR DICE:
El que pierde una vaca y encuentra un cuerno, no lo perdio todo

viernes, 23 de octubre de 2015

El Internado

Todo trascurría plácidamente en mi vida, hasta que de pronto, mi padre decide que mi educación debe continuar en un internado de la capital y con 10 años debi trasladarme a Santander al colegio de Los Escolapios, a cursar el Bachillerato.
Vivir apartado de mi ambiente en el pueblo, vivir lejos de mis amigos de toda la vida supuso un duro golpe que sin embargo pronto supere. En el internado encontré chicos de toda clase que pronto se convirtieron en inseparables compañeros de juegos y fechorías porque eso si las liábamos gordísimas, como cuando estando castigados en el hall mientras los demás veían una película en el cine y Juancar un  compañero de Valladolid rompió de una patada un grifo inundando toda la sala o cuando estando en los baños matando palomas a escobazos una de estas escobas cayo por la ventana a la acera de la C/Canalejas y fue a parar a la cabeza de una anciana que pasaba por allí mil y una trastadas que hacían que pasaremos la mayo parte del tiempo castigados.
Sin olvidar los momentos sentimentalmente difíciles, que los hubo y muchos, que a la larga sirven para hacerte mas fuerte. Una vez superado el primer impacto  emocional de sentirte solo y desamparado surge un estado de autoprotección  que te lleva  a superar todos los obstáculos, bueno mejor dicho casi todos

martes, 5 de enero de 2010

Mis primeros años. LA ESCUELA

Los 10 primeros años de mi vida, trancurrieron placidamente, como cabe suponer, el ser hijo del maestro me supuso una incorporacion precoz al ambito escolar. Asisti como todo hijo de vecino a la entonces llamada Escuela Unitaria, un popurri de chicos de todas las edades y de todos los cursos en un espacio unico de clase, donde el maestro en el mismo minuto pasaba de enseñar a leer a uno, a explicar el Teorema de Pitagoras a otro........ una entrañable locura.
La escuela, un edificio singular, dividido en dos partes iguales, adosadas entre si, chicas a un lado, chicos a otro, estaba situada en Valdiguña, ligeramente apartada del nucleo principal del pueblo y a pocos metros del rio. Constaba de una sola clase, donde se dispersaban diferentes mesas de madera, colocadas estrategicamente segun el curso del que las ocupaba, presididas por una gran tarima con una mesa mas grande para el maestro.
Debo decir que ser el hijo del maestro no me supuso nunca gozar de mayores privilegios que mis compañeros, ni yo los busque nunca ni mi padre lo hubiera permitido. Ser " el hijo del maestro " fue una etiqueta que me acompaño siempre, era inevitable, pero nunca me aproveche de ello, mas bien todo lo contrario, mi obsesion fue siempre comportarme como lo hacian todos, si habia que robar peras, se robaban, si habia que fumar helechos secos se fumaban......etc etc. Siempre me considere uno mas, para lo bueno y para lo malo.
Desde mi casa en Valdiguña se veia la escuela, en linea recta a 200 metros saltando un par de paredes que delimitaban una finca particular, por lo que este camino solo lo recorria cuando mi madre se despistaba ( pocas veces ) no me quedaba por tanto mas remedio que dar un rodeo y acceder por el camino oficial, una cambera entre dos prados, cuyas piedras sueltas eran como improbisados balones, para desgracia de zapatillas o botas segun el tiempo que hiciese. El personal que alli nos reuniamos era de lo mas diverso, sobre todo en edad ya que como queda dicho se trataba de una Escuela Unitaria, en cristiano, alumnos de hasta 8 cursos diferentes. Por un lado llegaban los de Pedredo, que debian recorrer un camino mas largo, sinonimo de mas divertido y por otro los de Valdiguña con un cierto sentimiento de superioridad, por eso de que la escuela estaba en su territorio. La convivencia no era mala, pero si afloraba una rivalidad entre ambos pueblos que generalmente dilucidabamos en los recreos mediante unos memorables partidos de futbol, que como es facil suponer debian ser arbitrados por la unica persona neutral en aquel ambito, el maestro, el campo un espacio adosado al edificio de la escuela, peligrosamente cercano a los cristales y donde se realizaba un fantastico ejercicio de equilibrio y reflejos ya que al mismo tiempo que se luchaba por el balon habia que sortear los obstaculos naturales en forma de piedras fijas y moviles y algun que otro arbol que estaba incluido en los limites del terreno de juego, los pozos cuando llovia y el polvo cuando hacia sol, la densidad de jugadores por metro cuadrado o la paciencia del arbitro cansado de que los cristales recibiesen mas balonazos que los porteros. La version mas normalizada de estos enfrentamientos podia verse los dias de San Pedro en Pedredo o de San Cristobal en Valdiguña donde los anfitriones habilitaban un prau ( no me sale prado, lo siento ) con dos palos de alisa como porteria. No era facil consegir el terreno de juego, se trataba de que estubiese lo mas cerca posible del pueblo para facilitar el acceso del publico, por lo que si era necesario jugar con algun arbol que otro de por medio, se jugaba, pero normalmente no era facil convencer al propietario, por lo que cada año el evento se celebraba en un lugar diferente.
En la escuela coincidiamos todos los niños y no tan niños del pueblo, y cuando digo pueblo me refiero naturalmente a Pedredo que como ya he dicho y a pesar de no vivir alli era mi sitio de juego habitual, bueno y unico, porque raramente valore otras opciones y cuando lo hice fue porque por alguna extraña circustancia me tube que quedar en Valdiguña. En este punto quiero aclarar que nunca tube ningun tipo de antipatia por los chicos de este pueblo, todo lo contrario, los recuerdo con mucho cariño y afecto, pero mi pasion era llegar a casa y con la merienda en las manos salir pitando a casa de mi abuela de donde tras el pertinente beso partir hacia el destino mas sugerente donde matar la tarde, la plaza, el rio, la castañera, etc etc o en todo caso el propio portal de casa donde con mis primos se dilucidaron infinitas competiciones de futbol mini, en cualquier lado y con cualquier balon digase piedra bola de papel o pelota.
Pero pronto mi vida tranquila y feliz, se vio sacudida por una inquietante noticia, mis padres habian decidido enviarme a un internado a Santander, donde completar una educacion con mas posibilidades de futuro. Hoy en dia comprendo la decision logicamente, pero en aquellos momentos me senti el chico mas desdichado del mundo.

martes, 22 de diciembre de 2009

El comienzo : Diciembre 1959

Mi vida comienza un dia de Nochebuena cualquiera, en una habitacion cualquiera, de una casa cualquiera...... de un pequeñito pueblo de la Cantabria interior, Pedredo, situado en el Valle de Iguña a cuyo Ayuntamiento pertenece, flanqueado por el verde intenso de los prados y bendecido por el transcurrir pacifico del rio Los Llares.

Al comienzo de los años 60 Pedredo era uno mas de los cientos de pueblos olvidados por la geografia Cantabra, la mayoria de sus gentes se esforzaban en el dia a dia por sobrevivir con unas pocas vacas, un huerto y mucho esfuerzo. Solo un selecto grupo de afortunados, trabajaba en la incipiente industria de Los Corrales de Buelna, Nueva Montaña Quijano primero y la novedosa industria del automovil posteriormente, peregrinando de madrugada, al mediodia o por la noche por la carretera que les conducia durante mas de un kilometro, en busca del unico medio de transporte del que se disponia, el tren, la estacion de Renfe situada en Las Fraguas.

Personalmente mi vinculacion con Pedredo no deja de ser al menos peculiar. Mis padres, maestro de la zona el y esforzada ama de casa ella, residian en" las casas de los maestros", situadas en la entrada de Valdeiguña, poblacion siguiente a Pedredo en direccion a Los Llares, que a la postre es el ultimo pueblo antes de introducirnos de pleno en la Reserva del Saja. Pero ocurria que mis abuelos vivian en Pedredo y mis padres cultivaron la maravillosa aficion de bajar todos los dias a verlos, ante esta perspectiva yo no podia nacer en otro sitio, donde iba a estar mejor mi madre que al cuidado de la suya propia y bajo el techo donde ella misma se habia criado. Asi que aun siendo mi residencia oficial en Valdiguña, mi vida entera pertenecia a Pedredo, donde aprendi a andar, a jugar, a disfrutar........ porque para mi el hecho de tener que subir todos los dias a dormir a Valdiguña era un autentico suplicio. Porque puedo deciros que pocos muy pocos fueron los dias que desde que naci hasta que nos trasladamos a vivir a Santander, no recorri el Kilometro de carretera que separa ambos pueblos, ida y vuelta, una y mil veces, andando corriendo, saltando paredes, lloviendo, nevando...


domingo, 20 de diciembre de 2009

Recuerdos y añoranzas

Cuando la vida te enfrenta a situaciones inesperadas, cuando te coloca al borde del abismo poniendo a prueba tu capacidad de superacion........... tus recuerdos son el pasaporte a la armonia entre lo que fuiste y lo que realmente eres.